Cómo la exposición al oxígeno afecta la crianza del vino

Introducción

La crianza del vino es un proceso crucial en la elaboración de vinos de alta calidad. Muchos factores influyen en el resultado final del producto, incluyendo la duración y el tipo de barricas utilizadas, la temperatura y la humedad del ambiente de crianza y el grado de exposición al oxígeno. En este artículo, nos centraremos en cómo la exposición al oxígeno afecta la crianza del vino.

El papel del oxígeno en la crianza de vinos

El oxígeno es un gas necesario para la vida, pero también puede ser perjudicial en ciertas circunstancias. En el caso de la vinificación, el oxígeno juega un papel importante en la crianza del vino. La exposición al oxígeno permite una oxidación lenta y controlada que contribuye a la evolución del vino. Esto se debe en parte a la formación de nuevos compuestos aromáticos y a la eliminación de algunos que pueden ser indeseables.

¿Cómo afecta la exposición al oxígeno a la crianza del vino?

A continuación, analizaremos cómo la exposición al oxígeno puede afectar la crianza del vino desde diferentes perspectivas.

Evolución del aroma

Uno de los mayores beneficios de la exposición al oxígeno en la crianza del vino es la posibilidad de evolucionar su aroma. La oxidación permite la formación de nuevos compuestos aromáticos que le dan al vino una sensación en boca más compleja y equilibrada, aportando notas aromáticas típicas de la crianza. Estos aromas pueden ser notas de vainilla, coco, madera, especias y un largo etcétera. El grado de exposición al oxígeno en relación con el tiempo es crucial para controlar el nivel de oxidación y así obtener el resultado deseado.

Reducción de compuestos no deseados

Por otro lado, la exposición al oxígeno también contribuye a la eliminación de algunos compuestos que pueden ser indeseables en el vino. Por ejemplo, la exposición a una cantidad controlada y limitada de oxígeno puede ayudar a disminuir el nivel de compuestos sulfurosos que se pueden encontrar especialmente en vinos jóvenes. Los sulfurosos cuando se alcanza cierto nivel aparecen en el aroma como notas sulfurosas, tales como huevo podrido, repollo, ajo... que son desagradables para los sentidos y su eliminación se ve muy beneficiada por una exposición al oxígeno limitada.

Estructura del vino

La exposición al oxígeno en la crianza del vino también puede influir en su estructura. El oxígeno, de hecho, puede suavizar los taninos, especialmente en los vinos tintos, que posteriormente adquieren una mayor cremosidad y suavidad. Además, también puede ayudar a integrar mejor los elementos del vino, equilibrándolos y aportando una mayor complejidad al producto final.

Pero, ¿cómo controlar el nivel de exposición al oxígeno?

La exposición al oxígeno es necesaria para la crianza del vino, pero debe controlarse rigurosamente para evitar el deterioro. De hecho, una exposición excesiva al oxígeno puede dar lugar a la oxidación extrema, lo que significa que el vino se vuelve rancio y pierde su calidad. Por eso, es fundamental controlar la cantidad de aire que entra en contacto con el vino, la duración del tiempo de contacto y la temperatura en la que se desarrolla este contacto. Para controlar adecuadamente la exposición al oxígeno, se suelen utilizar diferentes tipos de barricas o depósitos de acero inoxidable con control de la oxigenación. También es importante realizar un seguimiento constante de la crianza del vino, monitoreando los niveles de exposición al oxígeno para garantizar la correcta evolución.

Conclusión

La exposición al oxígeno es un factor crucial en la crianza del vino. Cuando se controla cuidadosamente, puede contribuir a mejorar la calidad y el sabor del vino, dotándolo de aromas y sabores complejos y equilibrados. Sin embargo, es fundamental controlar rigurosamente la cantidad de oxígeno que entra en contacto con el vino para evitar el deterioro de la calidad. En resumen, la exposición al oxígeno es una herramienta valiosa en la crianza del vino, siempre y cuando se controle cuidadosamente.